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El dilema que tiene Brasil
El dilema que tiene Brasil
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El dilema que tiene Brasil | OP-ED

Las elecciones presidenciales del gigante suramericano tienen una gran importancia para Estados Unidos y América Latina. ¿De qué se trata?

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Los brasileños aplazaron para el 30 de octubre la decisión entorno a quién será su presidente para los próximos cuatro años. 

Como ha ocurrido en otros países de la región y del mundo, la disputa es entre extremos y sin mayorías fuertes de lado y lado. Este factor hace difícil la gobernabilidad para quien resulte ganador por la fuerte oposición que tendrá que lidiar durante el mandato.

En Brasil, la disputa es entre el presidente Jair Bolsonaro y el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva. En las encuestas, siempre Lula ha estado por delante, como ocurrió en las elecciones de este domingo 2 de octubre, pero no le alcanzó para superar el 50% de la votación para proclamarse.

La distancia en votos es poca, pero la diferencia ideológica es profunda. Bolsonaro es considerado la variante tropical de Donald Trump, con posiciones de extrema derecha. Desdeña los derechos de las minorías, es machista sin ningún freno, promueve el patriotismo, no cree en el cambio climático, desestimó la existencia de la pandemia del COVID-19 y pone a Dios por delante en su discurso.

Bolsonaro tiene buena parte sus votos en las iglesias cristianas, en terratenientes, pero también en un amplio sector popular que cree en sus promesas electorales y en una imagen que busca apartarse de la tradición política. Este exmilitar defiende la dictadura que gobernó Brasil de 1964 a 1985,

En la otra orilla está Lula, un notable líder sindical del sector metalúrgico, quien durante su dos gobiernos como Presidente le cambió el rostro a Brasil. Incluso, miró a América Latina con un sentido integrador. Tiene 76 años y hace 20 ganó por primera vez la Presidencia. Es uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores, que en 1982 participó por primera vez en unas elecciones al Congreso.

Su fortaleza electoral está en los sectores trabajadores y en millones de hombres y mujeres pobres que lo han visto como el salvador. Lula no es un novato electoral. Tiene una larga experiencia. Al menos para el cargo de Presidente se presentó como candidato en tres elecciones hasta que fue elegido en el 2002. 

En Brasil, donde todo es grande como su extensión y su población, Lula no podía ser la excepción. En el 2010, cuando cumplió su segundo periodo presidencial, en 2010, su popularidad estaba por el 90 %. Sin embargo, en 2018 fue encarcelado por una acusación de corrupción, cuyo juicio fue anulado y fue liberado 580 días después. Regresó al mundo de la política en medio del desprestigio de Bolsonaro, quien aprovechó el escándalo de Lula para ser presidente.

Los tiempos han cambiado y Lula también. En su resurrección política se rodeó de sectores no necesariamente de izquierda y dista del extremismo que sus adversarios utilizaron hace años para generar miedo si asumía el poder.

Brasil está en un momento definitivo. La seguridad y el patriotismo de Bolsonaro contrasta con la inversión social, la defensa ambiental y el liderazgo internacional de Lula.

En política nada está escrito, de manera que por más encuestas a favor Lula no podrá cantar victoria y trabajará fuertemente por sumar los votos suficientes para vencer a Bolsonaro. Es claro que América Latina va en contravía de lo que pasa en Europa, que camina hacia la derecha. Y se suma a las posturas progresistas en Estados Unidos, que corre el riesgo de volver a caer en la pesadilla de Donald Trump.

De ganar Lula, se configuraría un interesante bloque de izquierda, progresista, en la región junto a Colombia, Chile, Honduras… Y sería un interesante interlocutor con el gobierno de Joe Biden en asuntos coincidentes, como la lucha contra el cambio climático y la protección del Amazonas.

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