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Vanessa Luna, Cofundadora y Jefa de Programa de ImmSchools habló en exclusiva con AL DÍA sobre su compromiso con su comunidad indocumentada.
Vanessa Luna, Cofundadora y Jefa de Programa de ImmSchools habló en exclusiva con AL DÍA sobre su compromiso con su comunidad indocumentada.

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Vanessa Luna, Cofundadora y Jefa de Programa de ImmSchools habló en exclusiva con AL DÍA sobre su compromiso con su comunidad indocumentada.

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Un aspecto muy poco discutido durante de esta pandemia ha sido la forma en que ha afectado a nuestras familias inmigrantes mientras luchan por resistir los cierres, la pérdida de empleos y la propia COVID-19, dado que las comunidades latina y negra se han visto afectadas de forma desproporcionada por la enfermedad.

Para tener una mejor comprensión de esto, hablamos con Vanessa Luna, la cofundadora y directora del programa de ImmSchools, una organización sin fines de lucro que guía a escuelas, maestros, estudiantes y familias sobre cómo ofrecer una mejor educación a los niños y adolescentes inmigrantes e indocumentados, entendiendo sus circunstancias, culturas y necesidades específicas.

ImmSchools trabaja en las ciudades de San Antonio, Dallas y Nueva York.

El impacto de COVID-19 en la comunidad escolar

Cuando se le preguntó sobre el impacto que la pandemia ha tenido en las comunidades de nuestra escuela, Luna dice que ha exacerbado en gran medida todos los desafíos que enfrentamos, especialmente como comunidad de inmigrantes.

"Antes de reaccionar", recuerda, "nos conectamos con 45 de nuestras familias y les preguntamos qué necesitaban. Y necesitaban apoyo financiero. Porque aquí en los Estados Unidos las familias inmigrantes, especialmente si son indocumentadas, no pueden obtener asistencia financiera federal.”

“Y en las ciudades en las que estamos, en este momento no hay grandes iniciativas para apoyar a las familias indocumentadas. Así que eso fue lo primero que hicimos. Hicimos una pausa en todo y proporcionamos estipendios para 45 familias en tres regiones (San Antonio, Dallas y la ciudad de Nueva York): eso cubre su alquiler, servicios públicos, sus necesidades básicas. Porque todos habían sido despedidos.”

En cuanto a la educación, Luna explicó cómo su organización ha enfocado sus esfuerzos en la elaboración de programas virtuales.

“En lugar de los talleres que hacemos con las familias, ahora conectamos a la gente a través de WhatsApp. Las familias participan constantemente, compartimos recursos, nos conectamos a través de vídeo o nos grabamos compartiendo recursos y actualizaciones y trabajamos con los distritos.”

De igual manera, han establecido lazos con el distrito en Nueva York para ampliar el rango de sus programas, incluidos los de desarrollo profesional que, según confesó, ha sido un reto transformar virtualmente.

“Algunas de nuestras familias no tienen computadoras, así que tuvieron que conseguirlas del distrito, pero ese es todo el proceso que asume que nuestras familias son capaces de conseguir un teléfono o una computadora portátil, así que tuvimos que guiar a todos ellos a través de eso y asegurarnos de que saben cómo hacerlo.”

Entre servicios de traducciones, y un trabajo titánico en garantizar la comunicación directa y llana con la comunidad inmigrante e indocumentada, Luna asegura que el mayor obstáculo ha sido suplir las necesidades básicas, y apaciguar los miedos de las familias de quedarse sin hogar.

“No están recibiendo ninguna ayuda de nadie. Y la ayuda que reciben recae en organizaciones y organizaciones sin fines de lucro, más que en el gobierno estatal o federal,” dijo.

“No creo que el gobierno federal vaya a ayudar a la comunidad inmigrante. Eso no va a suceder. Han criminalizado y deshumanizado a nuestra comunidad.”

A pesar de las circunstancias, Luna fue enfática en la resiliencia de la comunidad, en cómo las familias “se las arreglan para encontrar momentos de alegría” y se cuidan los unos a los otros.

“Me dicen: ‘Hola, Vanessa. ¿Te estás cuidando? Cuando salgas a la calle tienes que llevar una máscara... nosotros vamos a reunirnos y vamos a cocinar,’ y creo que eso es realmente hermoso.”

Aún así, la inestabilidad ante el alcance o la evolución de la pandemia sigue presente. Muchas de las comunidades con las que Luna trabaja no saben exactamente cuándo reabrirán sus lugares de trabajo –especialmente los restaurantes y otras industrias de servicios donde la mano de obra inmigrante e indocumentada es fundamental. 

“Todavía son responsables de sus alquileres y las facturas se acumulan.”

La paradoja del trabajador esencial

"Aunque son trabajadores esenciales, los estados no les dan prioridad,” explica Luna. “Aquí en Nueva York muchos de ellos son agricultores. Por lo tanto, son trabajadores esenciales, han estado trabajando durante toda esta pandemia y ahora vamos a decirles 'No, no nos importa'. Eso es lo que creo que está sucediendo: no los priorizamos tanto como deben ser priorizados.”

La joven reflexiona entonces sobre el fracaso del sistema capitalista estadounidense donde “valoramos la propiedad y las ganancias a menudo más que los individuos.”

“Especialmente los individuos que han contribuido tanto pero, también, para que estemos bien en cuanto a COVID necesitamos que nuestra comunidad de inmigrantes también esté bien.  Necesitamos asegurarnos de cuidar a todos,” agrega.

Esto es particularmente cierto cuando, a medida que la economía comienza a reabrirse, las circunstancias de los llamados “trabajadores esenciales” siguen estando en la primera línea de la batalla –tanto en los campos como en hospitales, supermercados, etc.  

Para Luna, es un asunto de derechos humanos.

“Ahora depende del gobierno y las entidades locales, especialmente las locales y estatales, (quienes) van a tener que dar un paso adelante y decir que (los inmigrantes) son una prioridad, y proporcionarles los derechos humanos esenciales que se merecen.”

“Me asusta cómo eso es tan difícil de entender".

El doble reto de educar a una población desprotegida

Luna ha sido testigo de primera mano de los múltiples obstáculos que enfrentan los niños y jóvenes inmigrantes a la hora de acceder a la educación.

Mientras sus compañeros blancos y documentados quizás sólo deban preocuparse por hacer sus deberes, los niños inmigrantes e indocumentados a veces son el sustento de sus familias, y la comunicación directa con el sistema cuando tienen que traducir para sus padres.

“Hay todas estas cosas de las que normalmente son capaces de alejarse cuando van a la escuela, y que ahora están presentes mientras intentan aprender,” explicó. “Yo también crecí en una dinámica de un apartamento de una habitación y lo entiendo. Les he dicho que está bien; todos estamos haciendo lo mejor que podemos. Pero sé que se han sentido realmente abrumados.”

En cuanto a los padres, el reto es otro. Desde impedimentos al manejar el idioma hasta la estandarización de la tecnología, organizaciones como ImmSchools deben abordar una batalla con muchos frentes, en especial cuando muchas personas están muriendo diariamente.

“Esos son desafíos que estaban en los márgenes, que nuestro sistema no había estado atendiendo y que ahora están impactando incluso a mayor escala”, agrega.

Las vidas negras importan: Todos estamos interconectados

En medio del movimiento social detonado por la muerte de George Floyd, el asunto del racismo y del compromiso de la comunidad Latina con la lucha de los Afro Americanos en Estados Unidos es más importante que nunca, pues, ante los ojos de la supremacía blanca, nuestros destinos están interrelacionados.

"Creemos en la liberación,” dice Luna de manera tajante. “El trabajo que hacemos está destinado a trabajar por la liberación. Lo que quiero decir con eso es que nuestro poder como individuos para vivir, ser libres, ser felices, sin importar nuestra raza, sin importar nuestro estatus migratorio está atado entre sí: No puedo ser libre hasta que todos seamos libres.”

“Si nuestros hermanos y hermanas negros no son libres, entonces yo no soy libre,” agrega. “Porque todos estos sistemas están interconectados. Nuestra liberación está ligada, así que tenemos que ser solidarios y controlarnos honestamente y tener conversaciones difíciles con los miembros de la familia.”

Esto es especialmente cierto en la comunidad Latinx, donde la escala de colores es otra y donde el racismo es un asunto normalizado por los residuos coloniales en el inconsciente colectivo.

“Tienes que estar trabajando activamente para [eliminar el racismo] todos los días y tenemos la responsabilidad de hacerlo para ser solidarios con nuestros compañeros negros.”

“Por lo tanto, tenemos que entender que estos temas están interconectados”, concluye Luna. “Para los negros indocumentados eso puede significar que tienen más probabilidades de ser deportados que alguien como yo. Debido a sus interacciones con la policía y la criminalidad que se les impone en base a su raza.” 

“No es sólo un asunto de los latinos, es un asunto de todos nosotros y está profundamente interconectado.”

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