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Elsa Alvarado Headshot
Alvarado quiere aprender todo lo que pueda en Washington D.C. y luego llevar todo este conocimiento a Nueva York, su ciudad natal. En el futuro, Alvarado tiene el objetivo de presentarse a las elecciones. Crédito de la foto: Alicia Santistevan.

La directora más joven en el Pentágono es latina

Después de trabajar en la campaña demócrata de 2020, Elsa Alvarado recibió la oferta de un puesto en el Departamento de Defensa, donde trabaja.

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En su primera clase como estudiante de grado en el Middlebury College, en Vermont, Elsa Alvarado fue la única que llevó un cuaderno a clase. Todos sus compañeros llevaban sus flamantes Macbooks.

Tratando de encajar, para el segundo día, Alvarado llevó su portátil, un viejo y ruidoso Toshiba que le había regalado su padre. “No importaba lo que hiciera, seguía sintiéndome diferente”, dijo.

Nacida y criada en Queens, Nueva York, y acostumbrada a toda la diversidad de una gran ciudad, cuando Alvarado se trasladó a Vermont para asistir a la universidad, en un estado e institución predominantemente habitados por blancos, fue la primera, pero ciertamente no la última vez, que tuvo que aprender a adaptarse. 

Después de trabajar en las elecciones presidenciales de 2020, Elsa Alvarado fue elegida por el presidente Biden como uno de los candidatos políticos más jóvenes para trabajar en el Pentágono, a sus 24 años.

Lleva casi un año y medio trabajando como directora de comunicaciones estratégicas de la Oficina del Subsecretario de Defensa para Asuntos Legislativos, donde a menudo es la única mujer, latina, y la persona más joven de la sala. Una vez más, tuvo que adaptarse y sentirse cómoda consigo misma, al igual que en Vermont. “Al igual que todos los demás, el Presidente me contrató por una razón. Mi edad o mi lugar de origen no importan”, dijo.

Llena de opiniones, siempre se asegura de compartir sus pensamientos en las reuniones. Le gusta decir que, al pensar en un líder, la gente piensa en las cualidades que tiene: franco, seguro, servicial y confiado. La edad, el sexo y el origen étnico no hacen que nadie sea menos líder.   

SU CAMINO HACIA EL PENTÁGONO 

Tras cursar un máster en China, a través de la prestigiosa beca Schwarzman Scholars, Alvarado se encontró sin un trabajo seguro. Se describe a sí misma como una persona que siempre necesita saber lo que va a ocurrir a continuación, por lo que su plan era conseguir un trabajo justo después de terminar el programa. Sin embargo, era el momento álgido de la pandemia y encontrar un trabajo era un reto, así que esa fue la primera vez que ella no sabía qué seguía.

Se presentó para trabajar en algo que tuviera que ver con el estudio de las relaciones entre Estados Unidos y China, pero fue rechazada por la mayoría de centros de investigación. Pero lo que parecía una pesadilla acabó siendo una de las mejores cosas que le podían suceder en su vida.

Apasionada por la política y buscando algo que la mantuviera motivada en ese difícil momento, Alvarado se unió a la campaña presidencial de Joe Biden para las elecciones de 2020. Era algo que siempre había querido hacer. Independientemente de quién fuera nominado por el Partido Demócrata, solo quería ayudar.

Sin importarle el sueldo ni la posición, se presentó a todos los puestos de la campaña y fue seleccionada para trabajar como analista a cargo de investigar los antecedentes de los eventos a los que asistiría y las personas con las que se reunía la doctora Jill Biden, la hoy Primera Dama. El propósito era evitar escándalos y que tenían valores similares. Trabajó con un equipo pequeño, pero todos los integrantes estaban comprometidos con la victoria en las elecciones.

Después de la victoria de Joe Biden, Alvarado se unió al 59º Comité de Investidura como analista. Durante la planificación le preguntaron qué le gustaría hacer en la Administración Biden. Interesada en la política exterior, no esperaba recibir una oferta de trabajo, pero, para su sorpresa, no solo recibió una llamada, sino también una invitación para ocupar un puesto que ni siquiera conocía y en el que ahora trabaja feliz.

Aprendió sus tareas rápidamente y se enamoró del puesto, por lo que se ha comprometido a hacer que otros sientan lo mismo. En el Pentágono, dirige voluntariamente un programa de prácticas que lleva a los nuevos universitarios para que experimenten el trabajo en una de las instituciones más importantes del país.

CAMBIAR DE CARRERA Y ENCONTRARSE A SÍ MISMA

Aunque ahora es una mujer exitosa en el Pentágono, este no era el plan de vida original de Alvarado. Después de graduarse en la universidad, trabajó durante un año en un bufete de abogados. Hasta entonces, su aspiración era convertirse en abogada. Pero luego de un mes de trabajar allí, se dio cuenta de que el derecho corporativo no era para ella. Contó que las personas más inteligentes que conocía estaban en ese bufete, pero sus opiniones y pensamientos rara vez eran escuchados porque eran los socios quienes decidían cómo se procedía. “Nunca podría trabajar en un lugar donde mi opinión no importara”, dijo.

En busca de nuevas experiencias tras dicha revelación, Alvarado solicitó una beca para cursar un programa de máster en asuntos globales en China, totalmente pago, lo que cambiaría por completo su carrera. “Hay que arriesgarse y no tener miedo a cambiar el plan que tenías inicialmente”, dijo. 

El programa Schwarzman Scholars lleva estudiantes de todo el mundo a la Universidad de Tsinghua, en Pekín. Cada año se seleccionan unos treinta estadounidenses. Alvarado comentó la falta de diversidad entre los estadounidenses que iban en cohortes anteriores. Así, se comprometió a representar a la comunidad latinoamericana en el extranjero.  

Seleccionada y abierta a nuevas experiencias, se trasladó a China sin hablar el idioma. Su familia hizo el esfuerzo de ahorrar dinero para que su padre pudiera ir a Pekín —por solo tres días, teniendo en cuenta que llegar allí ya toma uno— para ayudarla en su traslado.  

Comprendiendo la importancia de poder hacer un máster sin tener que pagarlo, Alvarado se centró en lo académico. Después de toda la experiencia y de escribir una tesis sobre las relaciones entre Estados Unidos y China con un asesor de la Universidad de Harvard, supo que quería hacer algo relacionado con la política exterior, lo que la condujo a una nueva trayectoria profesional que ni siquiera sabía que existía. 

Su estancia en China no fue solo increíble por la experiencia de aprendizaje, sino que otros componentes contribuyeron a que esos años fueran inolvidables. Antes de trasladarse, pensaba que pasaría la mayor parte del tiempo con los demás estudiantes estadounidenses. Sin embargo, al llegar se llevó una feliz sorpresa. Se juntaba con personas de América Latina y hablaba más español que mandarín. 

Conectada a su herencia como nunca antes, Alvarado no era juzgada por haber nacido en Nueva York. Para los estudiantes procedentes de América Latina, si sus padres eran de Nicaragua, ella también era latina. “Compartimos ese valor cultural de la amistad y nos ayudamos los unos a los otros en la comunidad latina”, añadió. 

PRIMERA DE LA FAMILIA EN LA UNIVERSIDAD 

Años atrás, Elsa Alvarado no tenía dinero para visitar las universidades a las que aspiraba y acabó decidiendo por Middlebury College, porque era la que le ofrecía más ayuda financiera. La primera vez que visitó el campus fue el día en que se instaló para cursar su primer año. Ni ella ni sus padres habían estado en Vermont, así que su primer semestre fue de adaptación.

Alvarado había crecido en un barrio de Queens con un grupo diverso de personas de muchos países. “¿De dónde son tus padres?” era una pregunta común. En Middlebury, fue todo lo contrario. Las familias de sus compañeros de clase llevan generaciones en Estados Unidos, y Alvarado dijo que podía notar las diferencias socioeconómicas en la escuela.

Durante las primeras semanas en Middlebury, estaba desesperada por volver a casa, aunque fuera solo por un fin de semana. Así que, en busca de un viaje gratis a la Gran Manzana, se unió a un grupo de estudiantes que iban a una protesta en Nueva York, a la que ni siquiera asistió. Solo necesitaba sentirse “normal” durante unos días. 

Como estudiante de primera generación tardó un par de meses en adaptarse a la universidad. Se apoyó en los profesores y en su familia, especialmente en su madre, a la que llamaba varias veces al día para que la apoyara. Una vez que se sintió cómoda consigo misma, se enamoró de las clases, de los profesores y del campus. Al día de hoy, algunos de sus mejores amigos son de Middlebury.

“Tu viejo portátil Toshiba no importa cuando respondes correctamente a las preguntas y escribes trabajos increíbles. Necesitaba tener confianza en mí misma para poder compartir mi identidad”, dice hoy.  

Debido a las circunstancias económicas de su familia, Alvarado siempre dependió de las becas para asistir a la universidad. Desde el instituto, solicitó todas las que pudo y las consiguió todas. Una que tuvo un gran impacto en su vida fue la beca del Hispanic Scholarship Fund, que obtuvo en 2014. 

Como estudiante de primer año en la universidad, fue invitada a través de la beca a asistir a la Conferencia Nacional de Liderazgo con 100 de los mejores estudiantes latinos del país. Cruzó Estados Unidos en avión hasta California, con todo pagado, para establecer contactos y asistir a talleres profesionales sobre cómo desenvolverse en el mundo profesional.

Un par de años después y con muchas experiencias nuevas, sigue asistiendo a esta y a otras conferencias y eventos celebrados por el Hispanic Scholarship Fund, pero ahora como mentora. Se unió recientemente a su  Consejo Asesor en Washington D.C. para crear una red de personas que se ayuden mutuamente.

“Creo que el Hispanic Scholarship Fund busca líderes y ser un líder puede significar diferentes cosas. Puede significar estar involucrado en tu comunidad, ayudando en centros comunitarios, escuelas o en tu familia”, manifestó. 

Ella atribuye gran parte de su éxito actual a esas becas que obtuvo. La prepararon de manera crucial para estar donde está hoy. Para ella, fue muy significativo saber que había gente en la comunidad animando su éxito. 

Aunque está agradecida con todas las personas que la ayudaron, el apoyo más importante vino de casa. Sus padres siempre le aconsejaron que persiguiera su pasión y diera lo mejor de sí porque el éxito acabaría llegando. Cuando se enteraron de su trabajo en el Pentágono, se sintieron más que orgullosos. 

“Es todo lo que ellos podrían haber pedido; no solo que tenga un gran puesto, sino que sea feliz en un gran puesto”, concluyó Elsa Alvarado.


 

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