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Lápidas en el cementerio de Sao Pablo. FOTOGRAFÍA: Wikimedia Commons
Lápidas en el cementerio de Sao Paulo. FOTOGRAFÍA: Wikimedia Commons 

Este es el edificio más encantado de Brasil y sigue hechizando el imaginario colectivo

Un susurro se extiende desde las lápidas por todo el cementerio de Sao Paulo recordando a los trece fallecidos no identificados en un terrible incendio.

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Un susurro se extiende desde las lápidas por todo el cementerio de Sao Paulo e impide rezar con tranquilidad. Tampoco pensar pues eriza los pelos de la nuca como las flautas de una nación imposible.

El inexplicable estruendo prosigue hasta que el encargado arroja agua sobre las sedientas tumbas de las trece víctimas no identificadas de un incendio que, al menos por un día, alivian sus quejidos.

La historia original de Ana Franco para Narratively explica cómo las turbias lápidas de ese cementerio fundado en 1972 pertenecen a las trece víctimas no identificadas en uno de los más temibles incendios de Brasil en el Joelma Bulding en 1974 que se alza ahora como uno de los más famosos edificios encantados.

A la trampa que supuso un rascacielos de madera sin medidas contra los incendios, cuyos gritos quedarían como se verá grabados en el subconsciente colectivo, deberá sumársele la tétrica y macabra historia de amor de su dueño anterior, un joven profesor de química que en 1948 asesinó a sus familiares por inmiscuirse en su romance.

La autora relaciona los asesinatos y los homicidios con las extrañas experiencias del sepulturero del cementerio de Sao Pablo, al que da voz explicando la maldición que planea sobre el nuevo edificio y sobre las suplicantes lápidas: “Así que una maldición, aunque no sea una explicación real, da a la gente la sensación de que al menos entienden por qué ha ocurrido, sobre todo algo que nos parece incomprensible”.

Sin embargo, a pocas semanas de que desembarque en Netflix la serie Haunted Latin America con casos de edificios malditos de México y Colombia para su primera temporada, convendría tal vez recordar la rica simbología que recorre el imaginario de los lugares encantados.

En primer lugar ,la autora olvida mencionar que Brasil es el país de credo espiritia por excelencia, con una total asimilación de los principios de Kardeck y el espiritismo francés en una cultura de influencias cristianas por un lado y afroamericanas por otro.

No sólo contemplan el diálogo entre muertos y vivos, sino que una de sus particularidades es la de concebir el más allá no sólo como un infierno o un paraíso, también como una espiral o bucle.

Si en los centros espiritas es posible observar a fallecidos que por desgracia deben volver a costumbres o gestos que repetían sin sentido en vida, todavía más motivos podrán encontrar para hallarse en un bucle unos fallecidos que no han recibidos los correctos sepelios y que sufrieron una muerte horrenda.

No sólo es altamente comprensible la maldición desde la perspectiva de su credo, también la psicogeografía -la historia "secreta" o poco conocida del lugar- concreta del edificio con los asesinatos familiares no hace otra cosa que magnificarlo.

Pueden apreciarse incluso las similitudes narrativas con el marginal edificio que inspiraba la saga Candy Man de Clive Barker (1992) de la que se espera un inminente remake: edificio que pasa del centro a la periferia de los flujos demográficos, sin medidas de seguridad suficientes y en el que se ha cometido algún crimen en sus cercanías.

Tanto el emplazamiento como la propia lógica del edificio se sincronizan con un entorno sensible a esas narrativas proclives a las maldiciones que en el fondo funcionan como eco del daño en el imaginario colectivo.

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